sábado, 1 de mayo de 2010

Justicia sin Fronteras. Nunca más genocidios sin investigar.

Justicia sin Fronteras.
"Nunca más" genocidios sin investigar.

Existen dos clases de pasado: "El pasado investigado" y escrito que de alguna manera se hace presente a través de la historia, y "el pasado ausente" que pervive en la memoria, vive, pero en muchos casos, se deja morir enterrado por los vientos del tiempo ". Un pueblo sano que construye su convivencia sobre sólidos pilares de democracia, justicia y libertad tiene que incorporar ese pasado ausente a la Historia. Y tiene que hacerlo con toda normalidad democrática. Es un compromiso con las víctimas, con sus familias, pero sobre todo, es un compromiso con nosotros mismos. Especialmente los historiadores tenemos un doble compromiso, ético como ciudadanos y compromiso con la profesión que hemos decidido que sea nuestro trabajo.

Justicia sin Fronteras

JAUME ASENS Y GERARDO PISARELLO.
Artículo publicado en Público 30-4-2.010
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Fraguado tras la trágica experiencia del nazismo, el principio de jurisdicción universal supone la existencia de crímenes que, por su gravedad, resultan imprescriptibles y pueden ser juzgados en cualquier parte del mundo, con independencia de quiénes sean sus autores y dónde los hayan cometido. La pretensión política y jurídica de estipular un “nunca más” frente a este tipo de actos inspiró la adopción de acuerdos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los pactos de derechos de 1966, el Convenio contra el Genocidio o el Convenio contra la Tortura.

Ciertamente, estas normas se han aplicado de manera desigual a los derrotados y a quienes, a pesar de sus fechorías, resultaron victoriosos. Tras el juicio al nazismo, abominables crímenes de guerra como los bombardeos de Hiroshima, Nagasaki o Dresde, o delitos terribles como las purgas estalinistas, fueron relegados a un ámbito de más o menos velada impunidad. Incluso los tribunales supraestatales creados más tarde para perseguir este tipo de actos, como el Tribunal Penal Internacional, han permanecido lastrados por lo que Danilo Zolo ha llamado la “justicia de los vencedores”.

Pero la Historia no debe escritaser siempre los vencedores y para uso exclusivo de éstos.

Muchas de las causas abiertas –comenzando por la del dictadores Pinochet o la Argentina de Videla tuvieron una destacada incidencia internacional y contribuyeron a que otros países ajustaran cuentas con un pasado dictatorial que permanecía impune. En realidad, se aplicó sin controversia mientras no interfirió con el buen desarrollo de las relaciones diplomáticas y los negocios internacionales.

El origen de la jurisdicción universal, precisamente, está en la decisión de algunos tribunales estatales de sortear el doble rasero de esos foros internacionales y de tomarse en serio el derecho internacional vigente. Asumir la competencia para enjuiciar crímenes de lesa humanidad supone, de hecho, enviar al poder, sea de donde sea, una advertencia inequívoca: utilizar el propio aparato estatal para asesinar, torturar y luego asegurarse la propia impunidad, es una operación arriesgada. Siempre será posible que la jurisdicción universal se active y que los responsables, hasta entonces inmunes, se vean obligados a dar cuenta de sus acciones.

Los vuelos de la CIA, las torturas en Guantánamo, la masacre de Gaza o los crímenes de China en el Tíbet, los crímenes de Darfur ¿pueden, deben ser investigado?.

Un sí rotundo, y el compromiso ético en mayor medida corresponde a Jueces e Historiadores


Lo que en el caso de España hemos dado en llamar la recuperación de la Memoria Histórica es sobre todo una exigencia de Justicia Moral. La justicia, que traspasa la exigencia de culpabilidad y que sobretodo reivindica la dignidad de las victimas.